Cuando vi el blog, y me acordé que tenía que escribir, pensé: mm… el tema que tenía para esta semana se me olvidó. Y no se me ocurrió nada. Hasta que de pronto, se me vino a la mente lo que escribiré la próxima semana: el último día del libro. Así es; no me canso de plasmar sentimentalismos en mi blog.
El próximo fin de semana estaré escribiendo cómo fue el último día del libro en nuestro colegio: el año 2012, probablemente la mayoría ni siquiera se enterará qué día cae. Yo creo que ninguno de nosotros se enteraría de la fecha si no estuviese el tío L para recordárnoslo.
Hay tantos recuerdos de años anteriores, tantas cosas que, a falta de espacio en mi cabeza, se van borrando poco a poco de mi memoria. Recuerdo cuando varias niñas (entre ellas la nuni, la dani y yo, si no me equivoco) recitamos en la actual sala de 1ero medio. Y qué bah, ya no me acuerdo de muchos días del libro: son otro tipo de eventos los que más recuerdo. Y aunque esta fiesta quizás no sea tan relevante o no nos deje tan marcados como otras, es una instancia agradable donde todos muestran sus dones y talentos; y que recordaremos con una sonrisa en varios años más.
Y ya que me des-inspiré, y no me da más para este tema, voy a contar algo de lo cual no creo que muchos se acuerden. En sexto básico, un año después de llegar al colegio, me pidieron que recitara un poema para fin de año, cuando las graduaciones aún eran un evento con muchos actos. No recuerdo de quién era el poema; pero creo que me hicieron usar ese “vestido” que parecía un saco de papas (el que usamos para un baile nortino ese año, CREO), y la tía Nancy me hizo un cintillo azul que combinaba con la flor que debía llevar en una mano. En un principio la María Jesús iba a recitar conmigo, pero por alguna misteriosa y mística razón, no lo hizo. Entonces, le pidieron a la Nuni que lo hiciera; pero fue dos días antes, y era un texto realmente largo. No era tiempo suficiente, y no pudo hacerlo conmigo (Igual se lo aprendió casi todo, seca amiga). Así que hube de pararme sola y temblorosa frente al auditorio de la iglesia lleno, pero gracias Señor, no se me olvidó nada.
Les saco pica, fui la primera del curso en interactuar con el tío L, porque le pidieron a él que me ayudara a prepararme.
Cuando era pequeña y me preguntaban si tenía algún talento, siempre respondía orgullosa: “recitar”. La verdad, ya no me atrae tanto como antes. Si mal no recuerdo, la última vez que lo hice fue para la bienvenida de la tía Paulina, el año antepasado (¿?): mi poema favorito, de Rubén Darío, “A Margarita”.
Ahh, y todos los días, cuando mi compañero Camilo me pregunta “¿Por qué lloras?”, le respondo “Porque tengo que llorar. Anoche pasó mi novio, y no me quiso saludar…”
